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Dios creando el universo Ilustración de una biblia moralizada, s. XIII Codex Vindobonenesis, 2554 Dominio público: Wikimedia Commons |
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En la universidad Iluminación de Laurentius de Voltolina Liber
ethicorum des Henricus de Alemannia, s. XIVDominio público: Wikimedia Commons |
En este contexto
destacó el franciscano inglés Robert
Grosseteste (ca. 1175-1253) que, además de traducir y comentar obras de
Aristóteles, aplicó las matemáticas a las ciencias físicas y produjo
importantes trabajos de teología, física, astronomía y óptica.
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Escultura de Roger Bacon Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford Imagen bajo licencia: CC BY-SA 3.0 |
También Tomás de Aquino (1225-1274) en su Summa Theologica declaraba la
esfericidad terrestre, pero además, para Santo Tomás, un mismo elemento de
estudio podía ser abordado desde diferentes ámbitos, por lo que la redondez de
la Tierra podía ser demostrada tanto desde resultados matemáticos como físicos.
Al fin y al cabo las diferentes ciencias requerían diferentes métodos de
actuación y todas eran válidas para la demostración de la verdad sobre una
misma cuestión.
En las
universidades se estudiaban, sobre todo, las obras de Aristóteles y Ptolomeo, que servían a otros eruditos para escribir tratados
astronómicos, entre los que destacó por su enorme influencia el del monje
británico Johannes de Sacrobosco
(1195-1256), profesor en la Universidad de París. Su obra, De Sphaera Mundi, escrita en la primera mitad del siglo
XIII, se convirtió en un libro de texto básico para la enseñanza de astronomía.
Sacrobosco conjugó las ideas esenciales de la cosmología
aristotélica y de la astronomía matemática ptolemaica, elaborando un manual
introductorio a la ciencia astronómica como parte del Quadrivium. Se consideró de lectura obligatoria e indispensable para
alcanzar el título de bachiller en muchas universidades europeas. Se sucedieron las traducciones, la imprenta aumentó
su difusión y se siguió utilizando como manual hasta finales del siglo XVII.
También en la
Universidad de París destacó Jean
Buridan (ca. 1293-1358), que revolucionó la física medieval y posibilitó
futuros descubrimientos con su teoría del
ímpetus. Buridan explicó el movimiento
de las esferas celestes al margen de la teoría aristotélica y en cuanto a la
esfera terrestre, sostuvo que una parte de ésta estaba cubierta por agua y, por tanto, era densa y pesada, mientras que la
parte que sobresalía del agua, alterada por el aire y el calor del sol, era más
ligera.
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Nicolás Oresme en su escritorio al lado de una esfera armilar Traité
de la sphère; Aristote, De caelo et de mundo Ilustración, ca. 1410 Dominio público: Wikimedia Commons |
Pero no sólo los polímatas
eclesiásticos escribieron acerca del tema. La idea de la redondez de la Tierra
estaba presente en libros como la Divina
Comedia de Dante (1265-1321), donde describe en varias ocasiones el mundo
como una esfera, o el Libro de las
maravillas del mundo o Viajes a Tierra Santa y al Paraíso Terrenal (ca.1370),
que fue uno de los libros más leídos en Europa entre los siglos XIV y XVI.
En definitiva, el
planeta era un globo y así se plasmó también en la representación del poder
temporal y del poder divino: el orbe
era el símbolo por excelencia de la soberanía
de la realeza y de Cristo.
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Otón II con orbe y cetro Miniatura en el Registrum Gregorii, s. X Dominio público: Wikimedia Commons |
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Cristo con orbe Antonello da Messina, 1477 Panel del políptico en: Santuario dell’Annunziata, Ficarra, Sicilia (Italia) Dominio público: Wikimedia Commons |
En el siglo XV continuaron los trabajos que describían el mundo esférico y se añadían aquellos que mostraban los conocimientos geográficos de la época: la Tabla Oceánica de Toscanelli (1474), Historia rerum ubique gestarum (publicada en 1477) del Papa Pío II, o Imago Mundi (impresa por primera vez en 1483) del eclesiástico Pierre d’Ailly. Estas obras se harían muy populares y llegarían a varios exploradores y navegantes, entre ellos, a Cristóbal Colón.
EL MITO
Ya hemos visto que en el Medievo sabían perfectamente que la Tierra era un globo. Entonces, ¿cómo ha llegado hasta nuestros días que en aquella época pensaban que era plana?
El origen de esta falacia se halla en el siglo XIX, cuando los intelectuales se creían en una superioridad histórico-cultural en el contexto de las corrientes positivistas y evolucionistas inscritas en una sociedad industrializada. En ese clima filosófico y social surgieron las publicaciones apologéticas del progreso para exponer que una civilización moderna debía basarse en la racionalidad y la ciencia, y que sólo las propuestas científicas hacían posible el avance de una sociedad, algo que contrastaba claramente con la época del Medievo. En este marco mental surgió la teoría del conflicto histórico entre ciencia y religión, atribuyendo a la Iglesia católica la promulgación de la noción de la planitud de la Tierra. En definitiva, se popularizó la idea de que la Iglesia había obstaculizado siempre el desarrollo científico y que fue a partir del Renacimiento y la “revolución científica” cuando se pudo pasar del oscurantismo medieval a una cultura moderna. Otros historiadores destacaron que el paso a la modernidad se dio gracias a las gestas de los navegantes que demostraron la redondez de la Tierra y la literatura contribuyó a la expansión del mito.
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Washington Irving Fotografía de Mathew B. Brady, 1861 Dominio público: Wikimedia Commons |
Según el historiador Jeffrey Burton Russell, el éxito de esta obra hizo que se difundiera el mito de la creencia medieval en la Tierra plana, cuyo origen se ha situado, además, en el marco de la hostilidad de los protestantes hacia los católicos y las ideas modernistas que emigrantes católicos europeos, ya durante el siglo XIX, llevarían a América, frente a las doctrinas protestantes fundamentalistas.
Sin
duda, en el siglo XIX el anticlericalismo
se instaló fuertemente al ver a la Iglesia y la religión como los grandes
enemigos del progreso, y eruditos que gozaban de gran prestigio como William Whewell (1794-1866), John William Draper (1811-1882) o Andrew Dickson White (1832-1918), entre muchos otros,
expandieron definitivamente el mito.
Whewell, reverendo anglicano, fue filósofo, científico e historiador de la ciencia que utilizó los argumentos de Lactancio y Cosmas Indicopleustes como ejemplos de lo que habría sido la postura oficial en el Medievo. En su obra History of the Inductive Sciences (1837) mostraba con ellos la oposición de la Iglesia al progreso científico.
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John William Draper Fotografía de Edward
Bierstadt, ca. 1879 Dominio público: Wikimedia Commons |
También el estadounidense White presentó a Lactancio y a Cosmas en su A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom (1896) como los representantes del terraplanismo en la Edad Media.
Lo
cierto es que a finales del siglo XIX, la idea de una errónea cosmovisión medieval
se había propagado y se siguió transmitiendo como si fuera una verdad histórica.
CONCLUSIONES
1- El legado clásico pasó a la Edad Media y la noción de la esfericidad terrestre se siguió transmitiendo. No hubo un vacío intelectual entre la Antigüedad clásica y el Renacimiento. El pensamiento cristiano heredó y mantuvo la idea de la redondez de la Tierra y en los principales centros culturales del mundo islámico se traducían al árabe los antiguos textos griegos. Mientras tanto, en el mundo cristiano, las concepciones erróneas de algunos religiosos fueron casos aislados y más próximos a la interpretación literal de las Sagradas Escrituras, pero la Iglesia no enseñaba que la Tierra fuese plana.
2- Los marineros no tenían miedo de caer por ningún abismo.
Sabían que la superficie de la Tierra era curva porque desde los barcos veían
surgir las montañas cuando se acercaban a ellas y porque lo primero que veían
de otros navíos que se aproximaban era el extremo más alto del mástil. Como
atestigua el diario de Colón, lo que temían los marinos era que, puesto que el
viaje estaba siendo más largo de lo que les había dicho, no pudieran hacer el
viaje de vuelta si el viento seguía soplando hacia el Oeste.
3- La Iglesia no entorpeció el avance cultural y científico.
Al contrario. Fomentó la cultura y la investigación. Su interés en la filosofía
natural (ciencias naturales) provenía de su interés por entender la obra de
Dios. La filosofía natural se convirtió en un importante complemento al
servicio de la teología para entender la creación divina y esto espoleó los
estudios científicos. Muchos historiadores de la ciencia actuales consideran que los franciscanos a la cabeza de las escuelas de Oxford, París y Bolonia
fueron los precursores de la ciencia experimental moderna y que el desarrollo de la “revolución científica” se
basó en las contribuciones de los eruditos altomedievales.
Los
decimonónicos elevaron a Lactancio y
a Cosmas como representantes de la
cosmovisión medieval, generalizando unas ideas que, en realidad, no habían
tenido repercusión. Recordemos, además, que Cosmas Indicopleustes escribió en griego su Topografía Cristiana y
que no fue hasta 1706 cuando este texto se tradujo al latín, por lo que su visión
de la Tierra como tabernáculo no pudo influir en la Edad Media.
La
versión de una discusión entre Colón y los sabios de Salamanca se divulgó ampliamente.
Sin embargo, los informes escritos por Hernando
Colón (hijo de Colón) y Bartolomé de
las Casas muestran que los hombres que se reunieron con el navegante no
sólo sabían sobre la forma de la Tierra, sino que le avisaron de que su circunferencia
era mayor de lo que él creía y de que el viaje le llevaría más tiempo de lo que
pensaba. Ciertamente, Colón, basándose en datos de Ptolomeo, Toscanelli y Pierre
d’Ailly, se equivocó con respecto a la extensión oceánica y la circunferencia
terrestre, pero no tuvo que defender
su esfericidad.
4- La gesta de Colón no demostró que la Tierra era redonda, sino que había tierras en esa parte del mundo y que estaban habitadas.
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El globo terráqueo de Martin Behaim Friedrich Wanderer Die Stadt Nürnberg als Bewahrerin der Reichskleinodien (detalle) 1895-1901 Dominio público: Wikimedia Commons |
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Globo de Martin Behaim, 1492 (antes del descubrimiento de América) Germanisches Nationalmuseum (Nuremberg) Imagen bajo licencia CC BY-SA 4.0 Fuente: Wikimedia Commons |
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