Mostrando entradas con la etiqueta Hispania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hispania. Mostrar todas las entradas

30 marzo 2026

LA RECONQUISTA DE AL-ÁNDALUS


Todos los días nos espantan el atabal y el añafil,
pues no hay después de este y aquel sino guerra.
¡Oh señor, de tu arreglo espera quien se ha roto el brazo!
No me quites la entereza de la que se ha enlorigado mi corazón.¹

Tocando atabales y añafiles. Cantigas de Santa María, s. XIII
Madrid, Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial (RBME)
Ms. T-I-1. Cantiga CLXV, f. 222 r.

LA RECONQUISTA MUSULMANA

La Reconquista ha sido un tema ampliamente estudiado a partir de fuentes cristianas y de su interpretación, pero no son tan conocidas las fuentes que expresaban la ideología desarrollada en la parte musulmana de la Península. 

En general, la versión más divulgada ha sido aquella que explica cómo progresaron los reinos cristianos tratando de recuperar territorio en suelo ibérico, pero no se ha difundido de la misma manera cómo aconteció el mismo proceso desde el lado islámico. Por ello, este artículo tratará sobre la perspectiva más desconocida para mucha gente: la de los conquistadores musulmanes expresada en las fuentes árabes.

Por otra parte, si bien es cierto que la palabra “reconquista” no existía en la época medieval, sí apelaron ambos bandos a la restitución del territorio. Ahora bien, ¿desarrollaron los musulmanes un discurso similar al de los cristianos? ¿Cuándo empezó el proceso reconquistador por su parte? ¿Cómo se reflejó en los textos el deseo de recuperar al-Ándalus? ¿Cuál fue su estrategia?


La Hispania visigoda hasta el año 711
Imagen de Tyk, bajo licencia: CC BY-SA 3.0

CONTEXTO INICIAL

El dominio musulmán de la península ibérica se sitúa en el contexto de la expansión islámica a lo largo del Mediterráneo. Es decir, Hispania supuso el extremo más occidental de sus conquistas y su avance europeo sólo fue frenado por los francos de Carlos Martel en la batalla de Poitiers en el año 732.

Batalla de Guadalete (711)
Las glorias nacionales, 1853

Fuente: Internet Archive

Así, la península ibérica, a la que los musulmanes denominaron Al-Andalus, se convirtió en una provincia del califato omeya gobernada desde Damasco (Siria) y después en un emirato independiente vinculado en el plano religioso a Bagdad hasta que en el 929 se inició la etapa totalmente independiente como califato. Por tanto, la lejanía del poder islámico de Oriente Medio y su condición de frontera con los cristianos otorgaron un carácter particular a la Península. Un ejemplo de ello se observa en un texto del historiador Ibn Bassām (s.XII):

Una de las características de los andalusíes es que sus tierras son la última de las conquistas islámicas, y fue donde más lejos llegaron las hazañas árabes. No tienen detrás de ellos ni delante más que el Océano, los cristianos y los godos.²


Se trataba de un territorio atrapado entre un océano infranqueable y el infiel, pero la veloz conquista se había consolidado en pocos años.

 Marcas Superior, Media e Inferior y su división en Coras
Atribución: DaniCBP, bajo licencia CC BY 4.0

Sin embargo, tras la muerte del segundo hijo de Almanzor, ʿAbd al-Raḥmān ibn Sanŷul (Sanchuelo), en el 1009, se inició la fitna o guerra civil de al-Ándalus que precipitó la abolición definitiva del califato omeya de Córdoba en 1031 y el surgimiento de los reinos de taifas. A partir de entonces, se iniciaría el declive del poder andalusí que facilitaría el avance de los reinos cristianos.

EL AVANCE CRISTIANO VISTO POR LOS MUSULMANES

Las fuentes musulmanas hicieron referencia a que anteriormente la Península estaba en manos cristianas y además asumieron el origen pelagiano de la Reconquista. Ya en el siglo X se produjo una de las menciones más antiguas al rey astur, y que pudo basarse en fuentes árabes anteriores, en la obra del historiador Isa Ibn Ahmadal-Razi:

Desde su época, los cristianos de al-Ándalus iniciaron la resistencia frente a los musulmanes en las tierras que habían podido preservar en sus manos […] Se dice que no había quedado sin conquistar en el territorio de Yillīqiya aldea ni población […] salvo la peña en la que se había refugiado ese bárbaro. Sus compañeros fueron muriendo de hambre hasta que no quedaron más de treinta hombres y unas diez mujeres, que sólo tenían para alimentarse la miel de abejas de unas colmenas que tenían en las grietas de la peña. Se mantuvieron inexpugnables en ese lugar abrupto hasta que los musulmanes, no sabiendo qué hacer, los despreciaron diciendo: “Treinta bárbaros, ¿qué pueden hacernos?” Nadie ignora la importancia que, después de aquello, llegaron a alcanzar por su poder, su número y sus conquistas. Después de él reinó Alfonso, antepasado de los grandes y célebres reyes de ese nombre.³

Al igual que al-Razi, escritores posteriores manifestaron lo que supuso el hecho de no haber eliminado aquel núcleo de resistencia capitaneado por Pelayo como, por ejemplo, el historiador Ibn Sa’id al Magribi (1213–1286): 
El desprecio de esa peña y de quienes se refugiaron en ella dio lugar a que los descendientes de los que estaban allí se apoderasen de las principales ciudades, hasta el punto de que incluso la capital, Córdoba ¡Dios la restituya!, está hoy en sus manos. 

Pero no sólo relacionaron aquel foco de rebelión con la progresiva pérdida territorial, sino que fueron totalmente conocedores del discurso reconquistador del enemigo, como se observa, por ejemplo, en unas palabras del rey Fernando I de León (†1065) que el cronista Ibn Idhari recogió en su obra, escrita en 1312, Al-Bayan al-Mughrib: 
 
[…] y solamente pedimos nuestro país que nos lo arrebatasteis antiguamente, al principio de vuestro poder, y lo habitasteis el tiempo que os fue provisto; ahora os hemos vencido por vuestra maldad. ¡Emigrad, pues, a vuestra orilla [al otro lado del Estrecho] y dejadnos nuestro país! 

Era la respuesta a una comisión diplomática de la taifa de Toledo que buscaba negociar a causa de la presión tributaria. Con la estrategia de agotar económicamente a las taifas mediante el pago de cuantiosas parias, el monarca proclamaba su legítimo derecho a recuperar un territorio que había pertenecido a los cristianos.

Al-Mamún, rey de la taifa de Toledo (1043-1075), ante Fernando I de León
 Historia de la Villa y Corte de Madrid, 1860
Fuente: Internet Archive
No importaba. Aunque los musulmanes habían reconocido el pasado cristiano de la Península, enarbolaron la memoria de su conquista y se consideraron sus legítimos soberanos. La respuesta al avance cristiano estaba servida, pero las siguientes fuerzas conquistadoras ya no vendrían de Oriente Medio, sino del norte de África.

IDEOLOGÍA Y CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO

Poco antes de la fragmentación del califato de Córdoba en taifas, los textos comenzaron a revelar la preocupación por el avance cristiano y a denunciar la división de al-Ándalus. Para ello, se apoyaron en pasajes coránicos y hadices que alentaban a la lucha y enaltecían la figura del soldado de frontera. De hecho, era la división y la inestabilidad política lo que permitía al infiel amenazar las fronteras, por lo que el discurso de defensa del territorio se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XI.

Al-Mutasim (Almotacín), rey de la taifa de Almería (1051-1091)
Historia de España ilustrada, s. XIX

No obstante, ante el incesante retroceso territorial, también utilizaron como estrategia discursiva la rememoración de la conquista. Cronistas y poetas crearon la idealización de al-Ándalus bajo la imagen de un paraíso perdido y el recuerdo de un pasado glorioso.

Al-Ándalus era desde el siglo VIII un nuevo territorio incorporado al islam, y las dinastías almorávide, almohade y nazarí basaron su discurso reconquistador en la guerra santa y el yihah con la concepción providencialista en el centro del relato. La caída de las principales ciudades andalusíes en manos cristianas era un castigo de Dios por la desunión de los musulmanes aunque, en su infinita misericordia, les daría la victoria que les permitiría devolverlas al islam. Así hablaba el gobernante almorávide Yusuf ibn Tashufin (r. 1061-1106) según el cronista Al-Marrakushi (ca. 1225):

Mi único propósito, al apoderarme de esta península, era sacarla de manos de los cristianos, por ver cómo se habían apoderado de su mayor parte y por el descuido de sus reyes, por su abandono de la guerra, por delegar el gobierno, por su indolencia y por su afición al bienestar, pues la única preocupación de cada uno era el vino que bebían, las cantoras a quienes oían y las diversiones en que pasaban los días.


La idea de que el califato cordobés se había perdido por culpa de la negligencia y los pecados de los reyes taifales fue una constante tras la fitna. Era necesario recobrar el territorio y revivir el islam en él, y para aludir a todo ello fue frecuente el término fath que quiere decir “apertura” en el sentido de abrir territorios a la fe islámica. También se utilizó la expresión “hacerla volver” (istaradda-ha), referida a al-Ándalus, y vocabulario como apoderarse, dominar, liberar y recuperar (istarya’a), fue habitual para aludir tanto a las ciudades recobradas (istajlasa) de manos de los cristianos como de manos musulmanas en el contexto del enfrentamiento entre taifas.

Batalla en San Esteban de Gormaz (Soria), s. X
Cantigas de Santa María, s. XIII
Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial
Ms. T-I-1. Cantiga LXIII, f. 92 r.
Por otra parte, las epístolas fueron una valiosa herramienta por sus varias funciones que iban desde llamar a la guerra santa, que incluía la narración dramática sobre la caída de las ciudades para conmover a la comunidad islámica, hasta la celebración de las victorias:

[…] ¡Cuántas brillantes lorigas quedaron tendidas por tierra, y cuántos caballos abandonados en el campo! Cualquier jinete de los nuestros se hizo con cinco o más caballos; de mulas y asnos, muchas más; no hablaremos de ropas y telas, y en cuanto a estrados aforrados de seda o de otros tejidos preciosos y de pieles fueron también incontables. No se cansaban nuestras gentes de trasladar cosas, ni se hastiaban de resolver tesoros.

EL IMPULSO RECONQUISTADOR

En 1064 la toma de Barbastro por los cristianos supuso un duro golpe para el mundo andalusí. El emir de la taifa de Lérida, al-Muzaffar, pidió ayuda al resto de taifas y en abril de 1065 se proclamó la guerra santa en todo al-Ándalus a través de las cartas de eruditos como Ibn al-Barr, quien señalaba la importancia de la unidad de los musulmanes para la defensa del territorio y la lucha contra el infiel; de lo contrario, todo el mundo andalusí peligraría. Finalmente, Barbastro fue rescatada ese mismo mes con la ayuda de algunos reyes taifales.

Más tarde, en 1085, la caída de Toledo en manos cristianas llevó a los gobernantes de Sevilla, Granada y Badajoz a unirse en una petición de auxilio urgente a Yusuf ibn Tashufin. El líder almorávide envió tropas en 1086 a la Península y derrotaron a los cristianos en la batalla de Sagrajas (Zallaqa).

En el fragmento de una carta que, al parecer, el rey de la taifa de Sevilla al-Mutamid (r. 1069-1091) había enviado años antes al caudillo almorávide, se observaba el llamamiento al yihad para la defensa de la fe y la importancia que cobraba la desunión de la comunidad islámica:

[…] Pido socorro a Dios y a vos; imploro de vuestra santidad, el que paséis a hacer la guerra santa a este enemigo infiel y vivifiquéis la ley del islam y defendáis la religión de Muhammad […] a este enemigo lo incitó a conquistar el país la división, la separación y la discordia.

Defensa de Palma de Mallorca frente al asedio de Jaume I
Imagen de Macesito. Fuente: Wikimedia Commons

Con todo, la situación de debilidad política de al-Ándalus continuó siendo tal, que en 1145 desembarcaron en la Península (en Tarifa y Algeciras) contingentes militares enviados desde el Magreb por el califa almohade Abd al-Mumin (1130-1163). En 1147 tomaron Sevilla y, desplazando a la anterior dinastía, los almohades se instauraron en el poder.

Las crónicas señalaron a Al-Mumin como el único soberano capaz de frenar a los reinos cristianos, a diferencia de los gobernantes taifales, cumpliendo con su deber de yihad y guerra santa. Los textos destacaron la imagen del califa como protector de los andalusíes, plasmando el carácter militar, religioso y paternalista del discurso reconquistador musulmán; algo que continuó en el retrato de sus sucesores, quienes mostraron una gran preocupación por el futuro de al-Ándalus.

Los benimerines capturan al arzobispo Sancho de Aragón en la batalla de Martos (1275) 
Imagen retocada. Fuente: Wikimedia Commons

En realidad, la narrativa sobre la defensa del territorio fue el elemento legitimador de la soberanía de las dinastías magrebíes en la Península: almorávides y almohades habían acudido a proteger al-Ándalus y a restaurar el islam en él.


Pero la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) supuso el fin de la hegemonía almohade. Este desastre militar abrió las puertas del valle del Guadalquivir a los reinos cristianos y permitió que, pocas décadas después, Fernando III el Santo pudiera conquistar Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248), mientras que el rey Jaume I de Aragón hacía lo propio en el Levante y el Mediterráneo. Así se lamentaba Abu l-Baqa' al-Rundi (1204-1286) en uno de sus famosos poemas:

¡Preguntad a Valencia lo que le sucedió a Murcia!

¿Dónde están Játiva y Jaén?

¿Dónde está Córdoba, sede de las ciencias,

de la que el mundo se enorgullecía?

¿Dónde está Sevilla y los placeres que contenía

su dulce río, desbordante y caudaloso?

Eran capitales columnas del país.

¿Qué puede quedar si faltan las columnas?

Llora la noble Ortodoxia de dolor

como llora el amante a su amor,

por las casas del Islam ahora vacías

y convertidas en viviendas de paganos;

las mezquitas se han convertido en iglesias

y no hay en ellas sino campanas y cruces;

hasta los mihrabs lloran, y son de piedra,

hasta los mimbares lloran, y son de madera.


Desde entonces la fragmentación de nuevo en taifas (tercer periodo) facilitó el avance de los reyes cristianos y solo el reino nazarí de Granada logró sobrevivir combinando diplomacia, pago de parias y guerra defensiva. Mientras tanto, la literatura árabe ya profetizaba el final de la presencia islámica en la península ibérica y muchos andalusíes miraron hacia el Magreb.


NOTAS:

¹ Rubiera, Mª J., 1992, p. 148.

² Lapiedra, E., 2018, p. 296.

³ ibidem, p. 299. 

⁴ Porrinas, D., (ed.), 2024, p. 31.

ibidem, p. 41-42.

ibidem, p. 37.

⁷ Albarrán, J., 2022, p. 20-21.

⁸ Porrinas, D., (ed.), p. 37.

⁹ Rubiera, Mª J., p. 126.



BIBLIOGRAFÍA

ALBARRÁN, Javier. “De la conversión y expulsión al mercenariado: La ideología en torno a los cristianos en las crónicas almohades” La Península Ibérica en tiempos de Las Navas de Tolosa. Sociedad Española de Estudios Medievales, Madrid, 2014, pp. 79-91.


ALBARRÁN, Javier. “El Islam triunfante: cartas de victoria e ideología de yihad en el Occidente islámico medievalStudia Historica. Historia Medieval40, 1, 2022, pp. 7-33. Disponible en:  https://Studia Historica Ediciones Universidad de Salamanca.


DURÁN, José F. El libro de Al Ándalus: etnias, idiomas, religiones y castas. Córdoba: Almuzara, 2024.


FANJUL, Serafín. Al-Andalus contra España: la forja del mito. Madrid: editorial Siglo XXI, 2004.


LAPIEDRA, Eva. “Reconquista cristiana y pérdida de al-Ándalus en las fuentes árabes: dos discursos complementarios”. eHumanista/IVITRA ,13, 2018, pp. 296-314. Disponible en: https://Repositorio Universidad Alicante.


MARTOS, Juan. Historiografía andalusí: manual de fuentes árabes para la historia de al-Ándalus. Sociedad Española de Estudios Medievales, Cáceres, Universidad de Extremadura, 2022. Disponible en: https://medievalistas.es/1-historiografia/


PORRINAS, David (ed.). ¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista. Madrid: Desperta Ferro Ediciones, 2024.


PUENTE, Cristina de la. “El yihad en el Califato omeya de al-Andalus y su culminación bajo Hisam II”. En: Codex aquilarensis: Cuadernos de investigación del Monasterio de Santa María la Real, núm. 14, 1999, pp. 23-38.


RUBIERA, Mª Jesús. Literatura hispanoárabe. Colección Al-Andalus. Madrid: Mapfre, 1992. Disponible en: https://cervantesvirtual.com


VILLAVERDE, Javier. “El yihad de los sultanes nazaríes. Discursos de legitimidad y acciones consecuentes de una dinastía en defensa de al-Andalus” Edad Media. Revista de Historia, 26, 2025, pp. 459-502.



17 marzo 2024

EDUCACIÓN Y LETRADAS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Cuando nos fijamos en el estudio de la mujer culta en el Medievo, observamos que muchos autores se centran en la historia de conocidas figuras bajomedievales como, por ejemplo, Leonor de Aquitania y su hija, María de Champaña, o Christine de Pizan. Sin embargo, podemos plantearnos si otras mujeres que se sitúan en la época más temprana del período medieval pudieron adquirir las mismas posibilidades: aprender a leer y escribir, estudiar las artes liberales¹ o dedicarse a la escritura o la enseñanza.

Sabemos que las aristócratas tenían más oportunidades, pero al margen de una educación dirigida a su clase social y la derivada de los textos sagrados, ¿qué mujeres de la Alta Edad Media estaban alfabetizadas?, ¿sólo lo fueron las pertenecientes a la nobleza?, ¿qué margen de actuación tenían las mujeres instruidas?
Para no hacerlo muy extenso, en esta entrada me ceñiré al contexto altomedieval de la península ibérica proporcionando algunos ejemplos.

ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE

Con la caída del Imperio romano de Occidente desaparecieron las antiguas escuelas municipales y las instituciones eclesiásticas se encargaron de la educación pública, siendo las escuelas parroquiales, episcopales y monásticas las posibilitadoras de un nivel básico de instrucción para la infancia.

Pierre le Mangeur dando clase
Miniatura de La Bible historiaux, s. XV
París, Biblioteca Mazarine. Ms. 313, f. 1r
Fuente: Biblissima

Los monasterios albergaban la cultura clásica y los textos sagrados eran transmitidos a niños y niñas² a los que enseñaban a leer y escribir, pero principalmente fueron para la mujer el lugar donde adquirir cultura, prestigio y libertad.

Muchas abadesas intercambiaron correspondencia con los grandes prelados de la Iglesia, escribieron hagiografías, comentarios de textos sagrados y tratados. Monjas y abadesas ejercieron de maestras, fueron bibliotecarias y copistas que multiplicaron los textos en sus scriptoria y alcanzaron un gran nivel cultural que les permitió estar a la altura de los obispos. 

EDUCACIÓN Y PODER

En los reinos germánicos, los jóvenes de la élite social eran enviados a las cortes reales para recibir educación militar y cultural. En la Hispania visigoda, el palatium de Toledo no sólo fue el lugar privilegiado para los varones de la aristocracia, sino también jóvenes damas residían y se educaban en la corte.

Las niñas de la nobleza debían aprender tanto las habilidades de costura y bordado como las letras, y para esto último podían estar a cargo de un preceptor en sus casas. No obstante, era usual enviarlas a los monasterios donde les enseñaban a leer y escribir, pero también podían recibir clases de música, aritmética y otras disciplinas de las artes liberales. Muchas de ellas continuarían su vida en el monasterio, pero las jóvenes que quisieran casarse y volver al mundo seglar podían hacerlo.

No fueron pocas las mujeres de noble cuna que encargaron y financiaron la copia de libros y la redacción de nuevas obras, porque además, poseían bibliotecas, solicitaban libros, dedicaban gran parte de tiempo a la lectura y muchas de ellas, a la escritura de poesía, cartas y tratados. Asimismo sabemos que las mujeres que permanecieron en el siglo fueron las transmisoras de la educación de sus hijos a través de los escritos conocidos como speculum, y algunas encargaron la realización de crónicas históricas para enaltecer su linaje.

El activo papel que tuvieron las reinas fue decisivo para los destinos de los reinos bárbaros. Los lazos matrimoniales con mujeres de noble estirpe hacían posible la entronización de reyes y algunas reinas consortes se convertían en auténticas reinas de facto.

Muchas nobles hispanorromanas y godas proporcionaron apoyo económico y militar a sus maridos, y distintas monarcas impusieron la autoridad real y mantuvieron su posición mediante redes clientelares. Intercambiaban cartas con grandes personalidades de la época, intervenían en las finanzas y en las luchas de poder, promovían pactos matrimoniales, ejercían el patronazgo, hacían donaciones y estaban presentes en las negociaciones de los magnates.

Sabemos, por tanto, pese a la escasez de fuentes y en las que apenas son nombradas o de forma muy somera, incluso por referencias indirectas en ocasiones, que las aristócratas altomedievales fueron instruidas y encontramos varios ejemplos de ello, en este caso, en la península ibérica.


GOSVINTA, GALSVINTA Y BRUNEQUILDA

Brunequilda
Les Françaises illustres, 1893
Fuente: Google Libros
Una de las reinas visigodas de mayor protagonismo político fue Gosvinta, que mantuvo su influencia a lo largo de tres reinados sucesivos, incluso durante el de Recaredo (contra quien conspiró), hasta que la reina murió en el año 589.
Su primer marido fue Atanagildo (rey entre 554-567), con quien tuvo dos hijas: Galsvinta y Brunequilda.

Brunequilda (ca. 550-613) nació y se educó en Toledo (capital del reino visigodo desde Atanagildo), pero fue enviada a Metz para casarse con Sigeberto I, por lo que se convirtió en reina de Austrasia y actuó de regente en Austrasia y Borgoña. Al igual que su madre y su hermana, había recibido una buena formación en la corte toledana, pero se distinguió por ser protectora de las artes y las letras.

Por la descripción de Gregorio de Tours en su Historia Francorum y los versos laudatorios dirigidos a Brunequilda por el poeta y obispo de Poitiers, Venancio Fortunato, conocemos acerca de los rasgos que eran admirados en princesas y reinas, y una buena formación cultural era algo que se esperaba de ellas por el nivel de su cargo, además de determinadas actitudes como la caridad y la piedad religiosa.


BADDO

La conversión de Recaredo
Antonio Muñoz Degrain, 1888
Dominio público: Wikimedia Commons 

Baddo fue esposa de Recaredo (rey entre 586-601) y aunque ella no era de origen noble se casaron y fue reina de los godos. Participó en el III Concilio de Toledo (589) y firmó junto a su esposo las actas conciliares donde figuraba como Gloriosa regina.


BENEDICTA

La historia de Benedicta se desarrolla a mediados del siglo VII. Benedicta era una joven hispanorromana de origen noble que estaba prometida a un gardingo de la corte real donde ella también residía, pero huyó a Cádiz y allí se puso en contacto con el obispo de Braga, Fructuoso, quien la formó como abadesa y la instruyó en las Sagradas Escrituras mediante el intercambio epistolar, lo que nos indica que, obviamente, sabía leer y escribir.


Entre los años 841-843 Dhuoda escribió un manual formativo para su primogénito Guillermo. Esta obra nos permitió conocer mejor el papel de la mujer de la nobleza carolingia, el nivel educativo y los conocimientos que tenía esta noble sobre textos sagrados y laicos.

LEODEGUNDIA

Boda medieval
Miniatura de Niccolò da Bologna, 1350
Dominio público: Wikimedia Commons

Leodegundia
fue hija del rey Ordoño I de Asturias (850-866) y con motivo de su boda a mediados del siglo IX con un príncipe de Pamplona se compuso en su honor un epitalamio, es decir, un poema con notación musical o himno nupcial.
El poema ensalza a esta joven de estirpe real, dejando patente las cualidades intelectuales, morales y religiosas que se atribuían a las princesas y reinas de la época. Se trataba de una mujer instruida en las letras sagradas y profanas que, como otras nobles, sabía latín en su forma culta, y cuya erudición y caridad se añadían a su belleza física.


MUMADONA DÍAZ

Mumadona Díaz (c.900–968) fue una condesa de la Gallaecia que fundó el monasterio de Guimarâes en el 950 y enriqueció su biblioteca con la donación de numerosos libros tanto litúrgicos como no litúrgicos y textos de los padres de la Iglesia.

LA MUJER CULTA DE AL-ÁNDALUS

Los diccionarios biográficos son un género característico de la literatura árabe que recoge las biografías y obras de los hombres sabios de la sociedad musulmana, los ulemas, que se dedicaban a las ciencias religiosas y profanas. No obstante, en estos diccionarios se incluyen las biografías de algunas mujeres de relevancia social, mencionadas fundamentalmente por sus vínculos de parentesco, ya fueran familiares de ulemas, de familias reinantes (hijas de califas, etc.) o porque pertenecieran de otro modo a la corte como las esclavas.

Las niñas de familias distinguidas crecían en entornos donde predominaba la dedicación al estudio, puesto que los ulemas eran jueces, notarios, predicadores en las mezquitas, funcionarios de la administración, etc. Por lo tanto y si así lo consideraban los hombres, algunas jóvenes recibían su formación de los varones de su entorno familiar. La mujer no podía relacionarse con otros maestros ni acudir a las clases públicas impartidas en las mezquitas, mientras que un varón que quisiera formarse ampliamente podía viajar a distintas ciudades y países a escuchar a otros maestros, así como culminar sus estudios peregrinando a la Meca.

Las mujeres libres se dedicaron tanto a las ciencias profanas, es decir, gramática, caligrafía, poesía, medicina, etc., como a las ciencias religiosas que englobaban el estudio del Corán, jurisprudencia y todo lo que tuviera que ver con la ley islámica.

En el harén
Juan Giménez Martín, ca. 1895
Dominio público: Wikimedia Commons

Las esclavas se dedicaban sobre todo a la composición poética, pero también al estudio de la lengua árabe, a las funciones de katiba (secretaria al servicio de su señor o señora) y muchas eran especializadas en caligrafía. Las poetisas y cantoras fueron numerosas porque eran educadas para el entretenimiento de los hombres en los salones palaciegos y las grandes mansiones, cantando, recitando o improvisando poemas.

Muy pocas mujeres se dedicaron a la enseñanza y menor aún fue el número de discípulas de mujeres. En cambio, sí podían recibir lecciones de doctos hombres que no fueran familiares suyos, pero siempre acompañadas de un pariente o detrás de una cortina.

HASSANA AL-TAMIMIYYA

Hassana al-Tamimiyya fue una poeta del siglo VIII nacida en Elvira (Granada), descendiente de un reconocido panegirista andalusí. De ella se conservan tres poemas que dirigió a los emires al-Hakam I (796-822) y Abd al-Rahman II (822-852), dos de ellos pidiéndoles ayuda después de que el gobernador de Elvira no reconociera un mandato de al-Hakam I por el que quedaba exenta del pago de unos impuestos sobre sus tierras. Una vez resuelto el caso por Abd al-Rahman II, Hassana le envió otro poema, esta vez de agradecimiento al emir por su intervención y justicia.

UMM AL-HASAN BINT SULAYMĀN

La historia de esta mujer es toda una excepción porque estudió con un ulema ajeno a la familia y viajó a la Meca dos veces, algo que aprovechó para continuar sus estudios de hadiz y jurisprudencia (fiqh), aunque se destaca que otras seis mujeres de su familia también hicieron la peregrinación.

Umm al-Ḥasan bint Sulaymān pertenecía a una tribu bereber que llevaba tiempo asentada en al-Ándalus y que, al igual que otras tribus bereberes, estaba bastante arabizada. De ella se ha destacado su ascetismo y su talento intelectual, además del hecho de acudir a tomar clases una vez por semana en casa de un prestigioso alfaquí de al-Ándalus, Baqi b. Majlad (ca. 816-889), quien la recibía en solitario para que no se relacionara con otros alumnos.

FADL, ALAM Y QALAM

El califato de Córdoba en tiempos de Abderramán III
Dionisio Baixeras Verdaguer, 1885
Dominio público: Wikimedia Commons
Fadl, Alam y Qalam (s. IX) se educaron en Medina, pero fueron trasladadas a al-Ándalus como esclavas cantoras. Fueron compradas para Abd al-Rahman II (822-852) junto a otras mujeres y trasladadas al alcázar de Córdoba donde, además de cantoras, fueron especialistas en gramática, literatura árabe, retórica y poesía. 
Qalam era de origen norte peninsular (vasca o navarra), pero había sido raptada de joven durante una incursión y enviada a Medina donde fue obligada a estudiar poesía árabe, canto, danza y caligrafía.

LUBNA DE CÓRDOBA

Lubna de Córdoba (siglo X) se distinguió por sus conocimientos en varios ámbitos. Además de ser buena calígrafa y poetisa entendida en gramática y métrica árabe, sabía matemáticas. Fue esclava y katiba de al-Hakam II (961-976), dirigió la biblioteca califal de Córdoba e impulsó la creación de la biblioteca de Medina Azahara junto a un erudito judío. Se encargó de buscar nuevos libros viajando a otras ciudades del mundo islámico y de copiar y comentar manuscritos. Murió en el 984 o 986.

RAYHANA

El almocrí³, Abu Amr al-Dani (981-1053), tuvo como discípula en su residencia de Almería a Rayhana, que estudiaba el Corán separada de su maestro por una cortina, mientras éste le indicaba las pausas con una varita. Ella le solicitó licencia para enseñar (iyaza), pero él no se la concedió, sin embargo, Rayhana continuó estudiando hasta que la consiguió.


Notas:

¹ Artes liberales:
    Trivium: gramática, retórica y dialéctica/lógica.
    Quadrivium: aritmética, geometría, música y astronomía.

² Los monasterios también acogían oblatos, que eran niños y niñas donados a la Iglesia, procedentes de familias nobles (que los ofrecían como exvoto) o pobres que se aseguraban de que el niño/a fuera alimentado, vestido y educado, y tuviera, en definitiva, unas buenas condiciones de vida.

³ Lector del Corán en las mezquitas.

Bibliografía y recursos:

Ávila, María Luisa. “Las mujeres sabias en al-Andalus”. La mujer en al-Andalus: reflejos históricos de su actividad y categorías sociales. Ed. Mª J. Viguera. Madrid, Sevilla, Universidad Autónoma de Madrid, Editoriales Andaluzas Unidas, 1989, pp. 139-184. Disponible en: <http://hdl.handle.net/10261/14481>

Calado, Luciana; Costa, Claudia (org.). Vozes de mulheres da Idade Média. João Pessoa: Editora UFPB, 2018. Disponible en: <http://www.editora.ufpb.br/sistema/press5/index.php/UFPB/catalog/book/464>

Duby, Georges; Perrot, Michelle (dir.) Historia de las mujeres: La Edad Media. Barcelona: Taurus, 2006, v. 2.

Felipe, Helena de. "Doblemente invisibles: mujeres bereberes en al-Andalus". eHumanista: Journal of Iberian Studies, 2020, 45, pp. 213-227.

Ferrer Valero, Sandra. Mujeres silenciadas en la Edad Media. Madrid: Punto de Vista Editores, 2019.

Isla Frez, Amancio. “Reinas de los godos”. Hispania, 64(217), 2004, pp. 409–433.

Real Academia de la Historia. Diccionario Biográfico Español, [en línea]. Disponible en: <https://dbe.rah.es>

Sánchez Prieto, Ana Belén. "Dónde aprender a leer y escribir en el año mil". Anuario de Estudios Medievales2010, 40(1), pp. 3-34.

Sánchez Prieto, Ana Belén. "La educación de la mujer antes del año 1000. ¿Es Dhuoda un caso único?", Educación XX1, Revistas UNED, Madrid: Facultad de Educación, 2010, 13(2), pp. 69-94.

Soto Chica, José. “Un reino por dentro: ejército, legislación, administración, economía, sociedad y cultura”. Los visigodos: hijos de un dios furioso. Madrid: Desperta Ferro Ediciones, 2021, pp. 438-450.
 
Ubieto Arteta, Antonio. “El matrimonio de la reina Leodegundia”. Medievalista (10), 1992, pp. 451-454.

Wade Labarge, Margaret. La mujer en la Edad Media. San Sebastián: Nerea, 2003.