LAS ÓRDENES SECULARES
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| Preparados para un torneo. Livre des Tournois de René d'Anjou. Dominio público: Wikimedia Commons |
Los orígenes de las órdenes seglares de caballería se han rastreado en las cofradías, que eran asociaciones de caballeros que organizaban torneos para el entrenamiento militar. Por lo tanto, las cofradías, extendidas profusamente a partir del siglo XIII, fueron las precursoras de las órdenes seculares que conoceremos como órdenes dinásticas, capitulares o de Collar y de Fe. Estas agrupaciones tenían aspectos honoríficos, igualitaristas, religiosos y caritativos, a la vez que fastuosos ceremoniales celebrados con la pretensión de poner de nuevo en valor los antiguos valores caballerescos; para ello, fundamentaron su ideología en la literatura caballeresca y, especialmente, en la leyenda artúrica.
ÓRDENES SEGLARES DE LOS SIGLOS XIV Y XV
Podemos reconocer tres tipos de asociación caballeresca, considerando el planteamiento del historiador y heraldista Jonathan D’Arcy D. Boulton, que distinguió entre órdenes curiales, órdenes votales y cofradías.
Las cofradías eran temporales, tenían estatutos y celebraban capítulos. Los miembros de cada una de ellas elegían a su mandatario.
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Asamblea de la Orden del Creciente Dominio público: Wikimedia Commons |
Estas congregaciones ya ostentaban sus propias insignias colgadas de un collar y muchas de ellas fueron duraderas. Sus estatutos regulaban la admisión de sus miembros, el funcionamiento de los capítulos o asambleas y de los ceremoniales. Tenían sus propias capillas en iglesias locales donde se decían las misas por los cofrades difuntos y cada cofradía estaba dedicada a un Santo patrón.
Por otra parte, muchas de las antiguas órdenes militares sufrieron un proceso de secularización y a partir del siglo XIV se fundaron numerosas órdenes que impulsaban la búsqueda del honor militar y el reconocimiento formal de sus funciones.
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Ya en el siglo XV surgen: en 1403 la Orden de la Jarra, fundada por el infante Don Fernando de Antequera (Fernando I de Aragón); la Orden del Dragón en 1408 por el emperador Segismundo de Luxemburgo; la Orden del Toisón de Oro en 1430 por el duque borgoñón Felipe el Bueno; la Orden del Cisne en 1440 por Federico II (elector de Brandeburgo); la Orden del Creciente en 1448 por René d'Anjou y la Orden de San Miguel por Luis XI de Francia en 1469.
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Luis XI presidiendo un capítulo de su Orden de San Miguel Dominio público: Wikimedia Commons |
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Jean Wauquelin presentando sus Crónicas de Hainaut al duque Felipe III de Borgoña, fundador de la Orden del Toisón de Oro. Miniatura atribuida a Rogier van der Weyden, ca. 1448. Dominio público: Wikimedia Commons |
Otro ejemplo del deseo de pervivencia de los ideales caballerescos fue la Orden de la Dame Blanche à l’Écu Vert (1399) del mariscal Boucicaut, una orden votal que se propuso principalmente la defensa del honor y la protección de las mujeres, comprometiéndose durante cinco años al servicio de las damas, pero también al auxilio de todo aquel que lo necesitara.
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Felipe II con el manto y el collar de la Orden del Toisón de Oro Dominio público: Wikimedia Commons |
En cuanto a las órdenes curiales debemos destacar que surgieron para la creación de alianzas y de un entorno fiel a un soberano, formándose un círculo elitista cuyos principales objetivos respondían a las necesidades políticas, diplomáticas y propagandísticas de los reyes y príncipes europeos.
Los fastuosos ceremoniales, ropajes y emblemas destacaban el prestigio de la orden, por lo que insignias, collares y libreas se convirtieron en los símbolos de las órdenes más importantes.
LAS RAZONES DETRÁS DEL ESPLENDOR DE LAS CEREMONIAS
Algo que nos llama la atención de las órdenes seculares es, ciertamente, el esplendor de los rituales y ceremonias que realizaban. Procesiones, capítulos, banquetes, torneos, justas y votos solemnes daban sentido a esta caballería bajomedieval. Un ejemplo lo vemos en la Orden de la Estrella, cuando en su fiesta anual instituían una mesa de honor para los tres caballeros que hubieran realizado los hechos de armas más importantes durante el año. Por otra parte, muchas órdenes habían determinado que se escribieran las mejores hazañas de los caballeros en un “libro de aventuras” y podían aumentar el adorno de sus insignias con piedras preciosas por la misma razón. A todo ello debemos añadir la teatralidad de los pasos de armas, las tablas redondas o la jura de votos³ (algo que podía ser tan singular como pronunciar los votos sobre un ave).
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Trajes de la Orden del Toisón de Oro. Del Códice sobre la Orden. Dominio público: Wikimedia Commons |
Valor, honor, lealtad, generosidad y cortesía continuaron siendo valores vigentes en una nobleza que, si bien fue cada vez más un instrumento en manos de las monarquías, fue fiel a los principios de la caballería en las postrimerías de la Edad Media.
Notas:
¹ La primera referencia a las cofradías la encontramos en un canon del concilio de Aviñón (1326) donde se explica que se reunían una vez al año en algún lugar fijado de antemano, celebraban convenciones y se juraban apoyo mutuo contra el enemigo. También se alude a la vestimenta, que era para todos igual, a los distintivos o insignias y a la elección de un Jefe a quien todos juraban obedecer (Mansi, Concilia, XXV, pp. 763-764).
² Si un caballero había huido de una batalla, aunque estuviera perdida, no podía entrar en una orden y si ya estaba en ella, era expulsado.
³ Las justas se hicieron muy populares entre los caballeros, ya que podían destacar individualmente y esto estaba en relación directa con el deseo de gloria personal, pero el torneo no desaparece. Justas y torneos se vuelven fastuosos y ritualistas. Una variante del torneo era la Tabla Redonda, una actividad que consistía en un concatenamiento de justas donde los caballeros se hacían llamar como los paladines del ciclo artúrico y realizaban diferentes retos. Aparece documentada por primera vez en Chipre en 1223 por el cronista Felipe de Novara, cuando informa sobre la celebración de un torneo de este tipo con motivo de la investidura de armas de un hijo del cruzado Jean d'Ibelin.
Respecto a los votos, tenían que ver, normalmente, con un hecho de armas, por ejemplo, un caballero juraba no sentarse para comer o llevar un ojo tapado hasta haber luchado en una cruzada o en una determinada guerra.
Los votos también estaban relacionados con el amor cortés, puesto que rendir honores a una dama y hacerse digno de ella espoleaba la valentía del caballero para lograr sus hazañas bélicas.
BIBLIOGRAFÍA
Ceballos-Escalera y Gila, Alfonso. La
Insigne Orden del Toisón de Oro. Madrid: Palafox y Pezuela, 2000.
Dacre Boulton, D'Arcy Jonathan. The Knights of the Crown: The Monarchical Orders of Knighthood in Later Medieval Europe, 1325-1520. Woodbridge: Boydell, 1987.
Flori, Jean. La caballería. Madrid: Alianza Editorial, 2001.
Keen,
Maurice. La Caballería. Barcelona: Ariel, 1986.
Zotz, Thomas. "El mundo caballeresco y las formas de vida cortesanas", en: Fleckenstein, Josef. La caballería y el mundo caballeresco. Madrid: Siglo XXI, 2006.
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