30 marzo 2026

LA RECONQUISTA DE AL-ÁNDALUS


Todos los días nos espantan el atabal y el añafil,
pues no hay después de este y aquel sino guerra.
¡Oh señor, de tu arreglo espera quien se ha roto el brazo!
No me quites la entereza de la que se ha enlorigado mi corazón.¹

Tocando atabales y añafiles. Cantigas de Santa María, s. XIII
Madrid, Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial (RBME)
Ms. T-I-1. Cantiga CLXV, f. 222 r.


La Reconquista ha sido un tema ampliamente estudiado a partir de fuentes cristianas, pero no es tan conocida la ideología que se desarrolló en el lado musulmán de la Península; por ello, este artículo tratará sobre la perspectiva menos conocida, es decir, la visión reconquistadora expresada en fuentes árabes.

Por otra parte, si bien es cierto que la palabra “reconquista” no existía en la época medieval, sí apelaron ambos bandos a la restitución del territorio. Ahora bien, ¿desarrollaron los musulmanes un discurso similar al de los cristianos? ¿Cuándo empezó el proceso reconquistador por su parte? ¿Cómo se reflejó en los textos el deseo de recuperar al-Ándalus? ¿Cuál fue su estrategia?


La Hispania visigoda hasta el año 711
Imagen de Tyk, bajo licencia: CC BY-SA 3.0

CONTEXTO INICIAL

El dominio musulmán de la península ibérica se sitúa en el contexto de la expansión islámica a lo largo del Mediterráneo. Es decir, Hispania supuso el extremo más occidental de sus conquistas y su avance sólo fue frenado por los francos de Carlos Martel en la batalla de Poitiers en el año 732.

Batalla de Guadalete (711)
Las glorias nacionales, 1853

Fuente: Internet Archive


Así, la península ibérica, a la que los musulmanes denominaron Al-Andalus, se convirtió en una provincia del califato omeya gobernada desde Damasco (Siria), y después en un emirato independiente vinculado en el plano religioso a Bagdad hasta que en el 929 se inició la etapa totalmente independiente como califato. Por tanto, la lejanía del poder islámico de Oriente Medio y su condición de frontera con los cristianos otorgaron un carácter particular a la Península. Un ejemplo de ello se observa en un texto del historiador Ibn Bassām (s.XII):

Una de las características de los andalusíes es que sus tierras son la última de las conquistas islámicas, y fue donde más lejos llegaron las hazañas árabes. No tienen detrás de ellos ni delante más que el Océano, los cristianos y los godos.²


Se trataba de un territorio atrapado entre un océano infranqueable y el infiel, pero la veloz conquista se había consolidado en pocos años.

 Marcas Superior, Media e Inferior y su división en Coras
Atribución: DaniCBP, bajo licencia CC BY 4.0

Sin embargo, tras la muerte del segundo hijo de Almanzor, ʿAbd al-Raḥmān ibn Sanŷul (Sanchuelo), en el 1009, se inició la fitna o guerra civil de al-Ándalus que precipitó la abolición definitiva del califato omeya de Córdoba en 1031 y el surgimiento de los reinos de taifas. A partir de entonces, se iniciaría el declive del poder andalusí que facilitaría el avance de los reinos cristianos.

Ejército de Almanzor contra ejército cristiano
Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial (RBME)
Ms. T-I-1. Cantiga CLXXXI, f. 240 r.

EL AVANCE CRISTIANO VISTO POR LOS MUSULMANES

Las fuentes musulmanas hicieron referencia a que anteriormente la Península estaba en manos cristianas y además asumieron el origen pelagiano de la Reconquista. Ya en el siglo X se produjo una de las menciones más antiguas al rey astur, y que pudo basarse en fuentes árabes anteriores, en la obra del historiador Isa Ibn Ahmadal-Razi:

Desde su época, los cristianos de al-Ándalus iniciaron la resistencia frente a los musulmanes en las tierras que habían podido preservar en sus manos […] Se dice que no había quedado sin conquistar en el territorio de Yillīqiya aldea ni población […] salvo la peña en la que se había refugiado ese bárbaro. Sus compañeros fueron muriendo de hambre hasta que no quedaron más de treinta hombres y unas diez mujeres, que sólo tenían para alimentarse la miel de abejas de unas colmenas que tenían en las grietas de la peña. Se mantuvieron inexpugnables en ese lugar abrupto hasta que los musulmanes, no sabiendo qué hacer, los despreciaron diciendo: “Treinta bárbaros, ¿qué pueden hacernos?” Nadie ignora la importancia que, después de aquello, llegaron a alcanzar por su poder, su número y sus conquistas. Después de él reinó Alfonso, antepasado de los grandes y célebres reyes de ese nombre.³

Al igual que al-Razi, escritores posteriores manifestaron lo que supuso el hecho de no haber eliminado aquel núcleo de resistencia capitaneado por Pelayo como, por ejemplo, el historiador Ibn Sa’id al Magribi (1213–1286): 


El desprecio de esa peña y de quienes se refugiaron en ella dio lugar a que los descendientes de los que estaban allí se apoderasen de las principales ciudades, hasta el punto de que incluso la capital, Córdoba ¡Dios la restituya!, está hoy en sus manos. 

Pero no sólo relacionaron aquel foco de rebelión con la progresiva pérdida territorial, sino que fueron totalmente conocedores del discurso reconquistador del enemigo, como se observa, por ejemplo, en unas palabras del rey Fernando I de León y Castilla (†1065) que el cronista Ibn Idhari recogió en su obra escrita en 1312, Al-Bayan al-Mughrib

[…] y solamente pedimos nuestro país que nos lo arrebatasteis antiguamente, al principio de vuestro poder, y lo habitasteis el tiempo que os fue provisto; ahora os hemos vencido por vuestra maldad. ¡Emigrad, pues, a vuestra orilla [al otro lado del Estrecho] y dejadnos nuestro país

Era la respuesta a una comisión diplomática de la taifa de Toledo que buscaba negociar a causa de la presión tributaria. Con la estrategia de agotar económicamente a las taifas mediante el pago de cuantiosas parias, el monarca proclamaba su legítimo derecho a recuperar un territorio que había pertenecido a los cristianos.

No importaba. Aunque los musulmanes hubieran reconocido el pasado cristiano de la Península, enarbolaron la memoria de su conquista y ellos eran sus legítimos soberanos. La respuesta al avance cristiano estaba servida, pero el siguiente poder conquistador ya no vendría de Oriente Medio, sino del norte de África.

Al-Mamún, rey de la taifa de Toledo (1043-1075), ante Fernando I de León y Castilla
 Historia de la Villa y Corte de Madrid, 1860
Fuente: Internet Archive

 IDEOLOGÍA Y CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO

Poco antes de la fragmentación del califato de Córdoba en taifas, los textos comenzaron a revelar la preocupación por el avance cristiano y a denunciar la división de al-Ándalus. Para ello, se apoyaron en pasajes coránicos y hadices que alentaban a la lucha y enaltecían la figura del soldado de frontera. De hecho, era la división y la inestabilidad política lo que permitía al infiel amenazar las fronteras, por lo que el discurso de defensa del territorio se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XI.

Al-Mutasim (Almotacín), rey de la taifa de Almería 1051-1091
Historia de España ilustrada, s. XIX

No obstante, ante el incesante retroceso territorial, también utilizaron como estrategia discursiva la rememoración de la conquista. Cronistas y poetas crearon la idealización de al-Ándalus bajo la imagen de un paraíso perdido y el recuerdo de un pasado glorioso.

Al-Ándalus era desde el siglo VIII un nuevo territorio incorporado al islam, y las dinastías almorávide, almohade y nazarí basaron su discurso reconquistador en la guerra santa y el yihah con la concepción providencialista en el centro del relato. La caída de las principales ciudades andalusíes en manos cristianas era un castigo de Dios por la desunión de los musulmanes aunque, en su infinita misericordia, les daría la victoria que les permitiría devolverlas al islam. Un ejemplo de ello lo podemos ver en unas palabras que, según el cronista Al-Marrakushi (ca. 1225), el gobernante almorávide Yusuf ibn Tashufin había pronunciado:

Mi único propósito, al apoderarme de esta península, era sacarla de manos de los cristianos, por ver cómo se habían apoderado de su mayor parte y por el descuido de sus reyes, por su abandono de la guerra, por delegar el gobierno, por su indolencia y por su afición al bienestar, pues la única preocupación de cada uno era el vino que bebían, las cantoras a quienes oían y las diversiones en que pasaban los días.


La idea de que el califato cordobés se había perdido por culpa de la negligencia y los pecados de los reyes taifales fue una constante tras la fitna. Era necesario recobrar el territorio y revivir el islam en él, y para aludir a todo ello fue frecuente el término fath que quiere decir “apertura” en el sentido de abrir territorios a la fe islámica. También se utilizó la expresión “hacerla volver” (istaradda-ha), referida a al-Ándalus, y vocabulario como apoderarse, dominar, liberar y recuperar (istarya’a), fue habitual para aludir tanto a las ciudades recobradas (istajlasa) de manos de los cristianos como de manos musulmanas en el contexto del enfrentamiento entre taifas.
Por otra parte, las epístolas fueron una herramienta polivalente en sus varias funciones que iban desde llamar a la guerra santa, incluyendo la narración dramática de la caída de las ciudades para conmover a la comunidad islámica, hasta la celebración de las victorias:

[…] ¡Cuántas brillantes lorigas quedaron tendidas por tierra, y cuántos caballos abandonados en el campo! Cualquier jinete de los nuestros se hizo con cinco o más caballos; de mulas y asnos, muchas más; no hablaremos de ropas y telas, y en cuanto a estrados aforrados de seda o de otros tejidos preciosos y de pieles fueron también incontables. No se cansaban nuestras gentes de trasladar cosas, ni se hastiaban de resolver tesoros.

Batalla en San Esteban de Gormaz (Soria), s. X
Cantigas de Santa María, s. XIII
Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial
Ms. T-I-1. Cantiga LXIII, f. 92 r.


EL IMPULSO RECONQUISTADOR

En 1064 la toma de Barbastro por los cristianos supuso un duro golpe para el mundo andalusí. El emir de la taifa de Lérida, al-Muzaffar, pidió ayuda al resto de taifas y en abril de 1065 se proclamó la guerra santa en todo al-Ándalus a través de las cartas de eruditos como Ibn al Gassal o Ibn al-Barr, quienes señalaban la importancia de la unidad de los musulmanes para la defensa del territorio y la lucha contra el infiel; de lo contrario, todo el mundo andalusí peligraría. Finalmente, Barbastro fue rescatada ese mismo mes con la ayuda de algunos reyes taifales.

Más tarde, en 1085, la caída de Toledo en manos cristianas llevó a los gobernantes de Sevilla, Granada y Badajoz a unirse en una petición de auxilio urgente a Yusuf ibn Tashufin (r. 1061-1106). El líder almorávide envió tropas en 1086 a la Península y derrotaron a los cristianos en la batalla de Sagrajas (Zallaqa).

En el fragmento de una carta que, al parecer, el rey de la taifa de Sevilla al-Mutamid (r. 1069-1091) había enviado años antes al caudillo almorávide, se observaba el llamamiento al yihad para la defensa de la fe y la importancia que cobraba la desunión de la comunidad islámica:

[…] Pido socorro a Dios y a vos; imploro de vuestra santidad, el que paséis a hacer la guerra santa a este enemigo infiel y vivifiquéis la ley del islam y defendáis la religión de Muhammad […] a este enemigo lo incitó a conquistar el país la división, la separación y la discordia.


Defensa de Mallorca frente al asedio de Jaume I
Imagen de Macesito. Fuente: Wikimedia Commons


Con todo, la situación de debilidad política de al-Ándalus continuó siendo tal, que en 1145 desembarcaron en la Península (en Tarifa y Algeciras) contingentes militares enviados desde el Magreb por el califa almohade Abd al-Mumin (1130-1163). En 1147 tomaron Sevilla y, desplazando a la anterior dinastía, los almohades se instauraron en el poder.

Las crónicas señalaron a Al-Mumin como el único soberano capaz de frenar a los reinos cristianos, a diferencia de los gobernantes taifales, cumpliendo con su deber de yihad y guerra santa. Los textos destacaron la imagen del califa como protector de los andalusíes, plasmando el carácter militar, religioso y paternalista del discurso reconquistador musulmán; algo que continuó en el retrato de sus sucesores, quienes mostraron una gran preocupación por el futuro de al-Ándalus.

Los benimerines capturan al arzobispo Sancho de Toledo en la batalla de Martos (1275) 
Imagen retocada. Fuente: Wikimedia Commons

En realidad, la narrativa sobre la defensa del territorio fue el elemento legitimador de la soberanía de las dinastías magrebíes en la Península: almorávides y almohades habían acudido a proteger al-Ándalus y a restaurar el islam en él.


Pero la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) supuso el fin de la hegemonía almohade. Este desastre militar abrió las puertas del valle del Guadalquivir a los reinos cristianos y permitió que, pocas décadas después, Fernando III el Santo pudiera conquistar Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248), mientras que el rey Jaume I de Aragón hacía lo propio en el Levante y el Mediterráneo.

¡Preguntad a Valencia lo que le sucedió a Murcia!

¿Dónde están Játiva y Jaén?

¿Dónde está Córdoba, sede de las ciencias,

de la que el mundo se enorgullecía?

¿Dónde está Sevilla y los placeres que contenía

su dulce río, desbordante y caudaloso?

Eran capitales columnas del país.

¿Qué puede quedar si faltan las columnas?

Llora la noble Ortodoxia de dolor

como llora el amante a su amor,

por las casas del Islam ahora vacías

y convertidas en viviendas de paganos;

las mezquitas se han convertido en iglesias

y no hay en ellas sino campanas y cruces;

hasta los mihrabs lloran, y son de piedra,

hasta los mimbares lloran, y son de madera.


Desde entonces la fragmentación de nuevo en taifas (tercer periodo) facilitó el avance de los reyes cristianos y solo el reino nazarí de Granada logró sobrevivir combinando diplomacia, pago de parias y guerra defensiva. Mientras tanto, la literatura árabe ya profetizaba el final de la presencia islámica en la península ibérica y muchos andalusíes miraron hacia el Magreb.


NOTAS:

¹ Rubiera, Mª J., 1992, p. 148.

² Lapiedra, E., 2018, p. 296.

³ ibidem, p. 299. 

⁴ Porrinas, D., (ed.), 2024, p. 31.

ibidem, p. 41-42.

ibidem, p. 37.

⁷ Albarrán, J., 2022, p. 20.

⁸ Porrinas, D., (ed.), p. 37.

⁹ Rubiera, Mª J., p. 126.



BIBLIOGRAFÍA

ALBARRÁN, Javier. “De la conversión y expulsión al mercenariado: La ideología en torno a los cristianos en las crónicas almohades”. La Península Ibérica en tiempos de Las Navas de Tolosa. Sociedad Española de Estudios Medievales, Madrid, 2014, pp. 79-91.

ALBARRÁN, Javier. “El Islam triunfante: cartas de victoria e ideología de yihad en el Occidente islámico medievalStudia Historica. Historia Medieval40, 1, 2022, pp. 7-33. Disponible en:  https://doi.org/10.14201/shhme2022401733


DURÁN, José F. El libro de Al Ándalus: etnias, idiomas, religiones y castas. Córdoba: Almuzara, 2024.


FANJUL, Serafín. Al-Andalus contra España: la forja del mito. Madrid: editorial Siglo XXI, 2004.


LAPIEDRA, Eva. “Reconquista cristiana y pérdida de al-Ándalus en las fuentes árabes: dos discursos complementarios”. eHumanista/IVITRA ,13, 2018, pp. 296-314.


MARTOS, Juan. Historiografía andalusí: manual de fuentes árabes para la historia de al-Ándalus. Sociedad Española de Estudios Medievales, Cáceres, Universidad de Extremadura, 2022. Disponible en: https://medievalistas.es/1-historiografia/


PORRINAS, David (ed.). ¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista. Madrid: Desperta Ferro Ediciones, 2024.


PUENTE, Cristina de la. “El yihad en el Califato omeya de al-Andalus y su culminación bajo Hisam II”. En: Codex aquilarensis: Cuadernos de investigación del Monasterio de Santa María la Real, núm. 14, 1999, pp. 23-38.


RUBIERA, Mª Jesús. Literatura hispanoárabe. Colección Al-Andalus. Madrid: Mapfre, 1992.


VILLAVERDE, Javier. “El yihad de los sultanes nazaríes. Discursos de legitimidad y acciones consecuentes de una dinastía en defensa de al-Andalus” Edad Media. Revista de Historia, 26, 2025, pp. 459-502.




20 abril 2025

CASTILLO DE CORNELLÁ DE LLOBREGAT


A los cornellanenses de toda la vida y a los que quieren conservar el legado de la ciudad. 


Vista fachadas oeste y sur
Foto: Crónicas de Gea, 2025


LA CIUDAD

Cornellá/à es un municipio contiguo a Barcelona, situado en el margen izquierdo del río Llobregat, en la comarca del Baix Llobregat.
Esta localidad se remonta a una fundación romana, cuando se estableció una villa (vilae) dedicada a la producción de vino y cuyo nombre deriva del antropónimo latino Cornelius que, según algunos autores, debió ser un propietario de la antigua villa.

Dibujo de Cornellà con el castillo al fondo
Autor: Miquel Marigó i Majà, 1891

Las excavaciones arqueológicas realizadas en el casco antiguo de esta población en los años 1928, 1995, 1998 y 2009, evidenciaron la importancia de su centro histórico¹, ya que se constató que hubo un continuo poblacional desde la época romana alto-imperial (I-III d.C.). 

Hacia el siglo VI se construyó una pequeña iglesia que se amplió en el siglo X, y a principios del XI este primigenio núcleo poblacional se erigió en parroquia, pero fue a lo largo del siglo XIII cuando se produjo su expansión con el establecimiento de casas y masías de forma dispersa en torno al castillo.

A partir del siglo XIII Cornellá estaba bajo la jurisdicción² de los reyes de la Corona de Aragón y del Consejo de Ciento, formado por eminentes ciudadanos de Barcelona y, por ende, el castillo pasaba a manos de la burguesía barcelonesa (funcionarios, cortesanos, mercaderes, etc.).

 EL CASTILLO

Situado en un pequeño cerro en la zona sur del municipio, el castillo dominaba un amplio sector del curso bajo del Llobregat.

Vista de la fachada principal y de la iglesia al fondo (s.f.)
(ca. 1900)
El edificio es de planta cuadrada, construido en piedra y tapial con dos torres cuadradas en la fachada principal y tres pisos de altura.

La planta baja cuenta con un patio central y a su alrededor se distribuía la cocina, la capilla y la bodega.
 
Puerta de la antigua capilla
y a la derecha 
puerta pequeña tapiada.
Foto propia, 2025
Falta la torre del homenaje que pudo haber estado en uno de los ángulos del patio. Sin embargo, podemos ver la escalera de piedra que da acceso al primer piso. A los pies de esta escalera estaba la capilla y en el dintel de su puerta se conserva el altorrelieve de un ángel que lleva en sus manos una cinta con las iniciales de Jesucristo.





Ángel sobre dintel
Foto propia
El arquitecto y autor de un artículo sobre el castillo en 1916, Puig i Gairalt, al describir el patio, hacía referencia a una leyenda popular y era que la pequeña puerta existente junto a la capilla daba a un camino subterráneo secreto por el que escapaban los señores del castillo en caso de peligro.






Almazara
Foto propia
En el primer piso, el comedor estaba presidido por una gran chimenea con escaños a sus lados (Gelabert, p. 124) y en la primera planta también se hallaban diversas habitaciones y salones para familiares y huéspedes del señor. 

Una gran sala de 13 x 6 metros debió ser el lugar de reuniones, fiestas y actos importantes, sirviendo como sala de armas y de recepciones.

La cocina estaba abajo, pero se comunicaba con el comedor por una escalera interior.




En el segundo piso se abrió una galería con arcos y en la fachada sur se destacan las ventanas góticas geminadas, las aspilleras y el almenado de las torres.




Vista anexos del castillo (s.f.)

Actualmente podemos ver en la planta baja una almazara y un silo o lagar recubierto en su interior por baldosines cerámicos, pero las construcciones y dependencias adosadas al castillo han desaparecido.





HALLAZGOS

En el año 1992 el Ayuntamiento de Cornellá adquirió el castillo, pero al iniciar las obras de restauración en 1993 surgieron importantes hallazgos de interés arqueológico, llevando esto a las excavaciones de urgencia en 1995 y 1998 tanto en el exterior como en el interior del castillo.
Cerámica siglo XV
Foto propia

Por los resultados sabemos que hubo una ocupación continuada, reflejada en las numerosas reparaciones de los muros y los distintos niveles de relleno con material cerámico de distintas épocas³.

En las intervenciones se encontraron partes de estructuras anejas al edificio, partes de muros en paralelo a los actuales, una cisterna adosada a uno de los muros del castillo, pavimento medieval en el interior del patio (siglo XIV) y un muro en la parte exterior norte que tenía la función de fosado del castillo y que correspondería a los siglos XIV-XV.

Tramo del hipogeo
También se descubrió 
un túnel⁴ excavado en el subsuelo, que partía de la fachada norte y avanzaba en dirección noreste en un recorrido zigzagueante de 30 metros. 
En su interior se observan las señales de su excavación con un pico, hornacinas a modo de estantes y bancos para sentarse y desde donde hicieron varios grabados en el techo (líneas, círculos, aspas, cruces y diversas formas geométricas), pero también en las paredes y entre los cuales se destaca el dibujo de un calvario.

Esta es la galería subterránea a la que se refería Puig i Gairalt, pero no tenía salida y lo más probable es que sirviera de refugio en caso de peligro momentáneo como una guerra o una persecución (Gómez, p. 58).

Calvario grabado en una pared del hipogeo
Según las conclusiones de las intervenciones arqueológicas, el castillo se habría iniciado a finales del siglo XIII o principios del XIV, tras el derrumbe de alguna estructura anterior de la que aprovecharon los materiales precedentes para nivelar varias zonas del exterior, así como diferentes zonas del patio (Joan García y Mercedes Serrano, 1995, p. 23).





ORÍGENES

En el año 801 Carlomagno conquista Barcelona y la frontera del imperio carolingio se establece en la línea del río Llobregat, convirtiéndose así Cornellá, al igual que todas las localidades de ambas riberas del río, en zona fronteriza con los sarracenos durante los siglos IX y X, y se expande la construcción de torres defensivas.

No obstante, más allá del siglo XIII no tenemos claro el pasado de este castillo, ya que pudo ser en origen una torre defensiva que derivara en castillo o bien un primitivo tipo de fortaleza con guarnición militar permanente que daba refugio a los payeses de alrededor. 

Castillo de Cornellá, ad quem 1916
Autor: Puig Gairalt, Ramón
Fuente: Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya

En cualquier caso, pudo ser una construcción erigida encima de otra anterior o una construcción de nueva planta al margen de otra, una turris⁵ existente en Cornellá.

Una referencia escrita que se ha conservado sobre el castillo, es una concordia del año 1204 que zanjaba una disputa entre el señor y el rector de la parroquia por el reparto de las contribuciones o diezmos. En dicho documento se cita esta fortaleza como “castillo nuevo”, aludiendo al cobro de medio diezmo de la parroquia en el año 1026, por lo que algunos autores han propuesto que hubo un castillo anterior en el mismo emplazamiento (Ortolà, p. 20).

De todos modos, en documentación del siglo XIII (Ortolà, p. 21) aparece una fortificación al margen del castillo y según algunos autores, la terminología “castillo nuevo” no tenía por qué referirse a una nueva edificación, sino que podían emplear el mismo término para referirse a dos construcciones similares en la misma localidad (Gómez, 1994, p. 6).


EVOLUCIÓN Y FUNCIONES

Después de la destrucción y el saqueo de Barcelona por Almanzor en el año 985, la zona del Llobregat se reorganizó y a partir del siglo XI la propiedad de la tierra quedó concentrada en una serie de propietarios: miembros de la nobleza feudal (caballeros), eclesiásticos y burgueses de la ciudad condal.
 
En cuanto al castillo, con el avance de la frontera cristiana perdió su función defensiva y pasó a convertirse en una masía fortificada que sería el centro de una explotación agrícola.

Algunos historiadores, como los hermanos Fernández Trabal, han afirmado que durante los siglos XI y XII se formaron numerosos señoríos laicos de este estilo, es decir, domus o casas fortificadas y que, en este caso, una de estas construcciones habría dado origen al castillo de Cornellá. De cualquier modo, lo cierto es que en la documentación medieval se alude a la Casa de Cornellá y así hasta el siglo XV.

Durante el siglo XII estuvo en manos de la familia de los Granera hasta que en el siglo XIII Bernat de Granera lo vendió a la Corona y desde entonces pasaron a ser propietarios del castillo y sus tierras distintos linajes burgueses de Barcelona que tuvieron un papel fundamental en el movimiento repoblador y con ello el crecimiento del antiguo núcleo cornellanense.

Galería de solana
Foto propia

Los señores del castillo entregaban parcelas de su dominio a familias campesinas con la obligación de construir casa y plantar viña en las tierras cedidas. A cambio, el campesinado debía pagar en moneda, en especie o con prestación de servicios al señor.

Algunas de las familias que impulsaron el poblamiento fueron los Malloll seguidos de los Masseguer, y sabemos por un documento notarial del año 1372, realizado a petición de Macià Masseguer, que el castillo poseía 5 masías, 26 casas, 102 campos de cereales, 61 viñas, 10 huertos y un prado (Serrano, 1998, p. 9).

Fue entonces, entre el siglo XIII y principios del XIV, cuando se origina el castillo con la creación de un edificio cuadrangular, con torres en sus ángulos, aspilleras, almenados y matacanes. El castillo era en esa época más un símbolo de poder señorial y disuasorio que un elemento defensivo y, aunque mantenía la funcionalidad militar, su función principal era la de administrar la explotación agrícola que le proporcionaba unos censos agrarios.

Vista general del patio
Foto: Raül Costal, 2023
A lo largo de los siglos XIV-XV adquiere un aspecto de castillo-palacio. Se abren grandes ventanales y ventanas geminadas (de medio punto y trilobuladas), se modifican los edificios del recinto y el espacio que queda entre ellos conforma un patio rectangular.

En el siglo XV, durante la guerra civil catalana (1462-1472), el castillo fue confiscado a Joan de Ribes por la Diputación del General y entregado al capitán Manaut de Guerri, capitán de las tropas de la Diputación en el Llobregat. Con esa donación al capitán, aparece en la documentación como “castillo” la denominada hasta entonces “Casa de Cornellá”. (Serrano, p, 9).

Grifo en posición rampante
Símbolo heráldico de los Ribes
Foto propia
Tras la guerra, el castillo vuelve a manos de la familia
Ribes y una de sus miembros, Adriana de Ribes, fue la propietaria hasta 1570 (fecha de su muerte) y la única que residió en él durante largas temporadas.

A ella se le han atribuido importantes modificaciones que transformaron el conjunto en una casa-palacio que seguía los aspectos del gótico civil tardío y trazos renacentistas, con la redefinición del patio en forma cuadrangular, la construcción de la escalinata de piedra que da acceso al primer piso, un gran arco a la entrada del patio central y una capilla, así como algunas figuras escultóricas que incluyen escudos heráldicos.

En el siglo XVII pasó a los Cruïlles i Rajadell de Peratallada, pero el castillo llegó a un estado ruinoso hasta que en 1666 fue vendido a Baltasar Oriol i Marcer.

Este aristócrata barcelonés, animado a invertir en tierras agrícolas, compró el lote que incluía el castillo y puso a cultivar todas las tierras. Además reparó fachadas, los interiores y el patio e introdujo elementos para la explotación agrícola, como el silo para almacenar cereal y la almazara de aceite o vino ubicados en la planta baja.

Ventanas geminadas
Foto propia
A finales del siglo XVIII pasó a los Via i Puig que efectuaron en el siglo XIX una loada restauración que imitaba el estilo medieval con elementos neogóticos y añadieron una galería de solana en el ala nordeste de la segunda planta.

El castillo estuvo en manos de esta familia hasta que sus propiedades fueron embargadas para pagar a los acreedores y el castillo vendido en pública subasta a principios del siglo XX.

La mayor parte de las tierras fueron compradas por agricultores y fue casa de payés con uso agrícola y ganadero hasta que en 1992 lo compró el Ayuntamiento.

Actualmente se ubica allí el Archivo Histórico de Cornellá, entre otras entidades municipales. La planta baja alberga una exposición permanente sobre la historia del núcleo histórico y exposiciones temporales, así como actividades socioculturales abiertas al público.


Bodega
Autor: Ramon Puig Gairalt, ad quem 1916
Fuente: Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya


Vista del interior
Autor: Jordi Contijoch, 1993


Arco apuntado en primer término
Foto propia, 2025


NOTAS

¹ Las excavaciones de los años 1928 y 2009-2010 se efectuaron alrededor del Ayuntamiento y de la iglesia Santa María donde los restos más antiguos que se hallaron fueron: dos columnas prerrománicas con capiteles corintios de influencia califal, mosaico romano, pavimento de opus testaceum, sepulturas de tegulae o tejas romanas, varios tramos de muro de los siglos I-III, numerosos silos, dos fosas de maniobras para el prensado de vino y fragmentos cerámicos de la misma época. Todo ello permitió deducir la existencia de una villa romana en toda esa área del centro histórico.


² Pero el castillo fue desde siempre causa de conflictos y mantener la jurisdicción no era fácil. Cornellá aparece ya en documentación del siglo XI como territorio de Barcelona, y la aristocracia militar que controlaba los castillos se rebelaba contra el poder de los condes-reyes de la Casa de Barcelona. 


³ Por una parte, los muros mostraron una cimentación característica de los siglos XIII-XIV. Por otra parte, en el patio se documentaron niveles de relleno con material de época ibérica y romana que iría de los siglos III a.C. al III d.C. (Mercedes Serrano, 1998, p. 36).
En cuanto al foso, sus niveles de relleno presentaron gran cantidad de material cerámico correspondiente a los siglos XIV, XV y XVI entre la que se halló vajilla decorada en azul, verde-manganeso y reflejos dorados de producción catalana, valenciana e italiana, y se ha estimado que por la calidad de la cerámica debió de ser la que usaban los señores del castillo. (Serrano, 1998, p. 33).


El hipogeo fue excavado entre los siglos XIV-XV, y en el siglo XVIII los moradores del castillo incorporaron una pequeña puerta junto a la capilla del patio e hicieron un pasillo descendente hasta la entrada del túnel. La entrada fue tapiada posteriormente, pero el hipogeo salió a la luz en el año 1993, en el curso de las obras iniciadas por la empresa municipal EMDUCSA.
Se barajaron diversas opciones sobre su uso, ya que pudo utilizarse como prisión, como almacén de víveres y como refugio temporal. Se determinó que habría servido como estancia temporal y como almacén uno de sus tramos.

Sabemos que en 1239 una mujer llamada Berenguela vendió a la Pia Almoina (“Pía Limosna”), institución eclesiástica benéfica de Barcelona, una turris situada en Cornellá, pero, dada la polisemia de la época, podía referirse a un castillo, una torre de defensa o una masía fortificada. (Gómez, p. 6 y p. 176). En cualquier caso, era una estructura defensiva que existía además del castillo.


BIBLIOGRAFÍA

ARESTÉ I MARTÍ, Xavier; DOÑATE I SANGLAS, Ignasi. El patrimoni històric de Cornellà de Llobregat. Cornellà de Llobregat: L'Avenç de Cornellà, núm. 19, 2019.

ESTEVES, Albert. Cornellà de Llobregat: Guia del patrimoni històrico-artístic. Molins de Rei: Centre d’Estudis i Divulgació del Patrimoni, 1997.

FERNÁNDEZ TRABAL, Joan. Retalls d’Història de Cornellà: la nostra història a través dels seus documents. Crònica de Cornellà, 9, 1994.

GARCIA TARGA, Joan; SERRANO MÍNGUEZ, Mercedes. Memoria de excavación del Castell de Cornellà. Barcelona: Direcció General del Patrimoni Cultural, 1995. Disponible en: <https://calaix.gencat.cat/handle/10687/8321#page=1>

GARCIA TARGA, Joan. “Resultados de los trabajos arqueológicos y de adecuación patrimonial en Cornellá de Llobregat (Barcelona) 2009-2010”. Arqueología, 2011, número 361, pp. 54-63. ISSN: 0212-0062.

GELABERT I FIET, Eduard. Cornellà de Llobregat: Història, Arqueologia, Folklore. Barcelona: AGM, 1973.

GÓMEZ GARCÍA, Alberto. Memoria científica del estudio de paramentos y documentación arqueológica del Castillo de Cornellà. Barcelona: Direcció General del Patrimoni Cultural, 1994. Disponible en: <https://calaix.gencat.cat>

GUTIÉRREZ ORTOLÀ, Gregorio [et al.]. Cornellà de Llobregat: estudis d’història. Ayuntamiento de Cornellà, 1986.

PUIG I GAIRALT, Ramon. "El Castell de Cornellà". Butlletí del Centre Excursionista, vol. 26, núm. 263, desembre 1916. Dipòsit digital de la UAB: <https://ddd.uab.cat/record/27613>

SERRANO MÍNGUEZ, Mercedes. Castell de Cornellà. Barcelona: Direcció General del Patrimoni Cultural, 1998. Disponible en: https://calaix.gencat.cat