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30 marzo 2026

LA RECONQUISTA DE AL-ÁNDALUS


Todos los días nos espantan el atabal y el añafil,
pues no hay después de este y aquel sino guerra.
¡Oh señor, de tu arreglo espera quien se ha roto el brazo!
No me quites la entereza de la que se ha enlorigado mi corazón.¹

Tocando atabales y añafiles. Cantigas de Santa María, s. XIII
Madrid, Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial (RBME)
Ms. T-I-1. Cantiga CLXV, f. 222 r.


La Reconquista ha sido un tema ampliamente estudiado a partir de fuentes cristianas, pero no es tan conocida la ideología que se desarrolló en el lado musulmán de la Península; por ello, este artículo tratará sobre la perspectiva menos conocida, es decir, la visión reconquistadora expresada en fuentes árabes.

Por otra parte, si bien es cierto que la palabra “reconquista” no existía en la época medieval, sí apelaron ambos bandos a la restitución del territorio. Ahora bien, ¿desarrollaron los musulmanes un discurso similar al de los cristianos? ¿Cuándo empezó el proceso reconquistador por su parte? ¿Cómo se reflejó en los textos el deseo de recuperar al-Ándalus? ¿Cuál fue su estrategia?


La Hispania visigoda hasta el año 711
Imagen de Tyk, bajo licencia: CC BY-SA 3.0

CONTEXTO INICIAL

El dominio musulmán de la península ibérica se sitúa en el contexto de la expansión islámica a lo largo del Mediterráneo. Es decir, Hispania supuso el extremo más occidental de sus conquistas y su avance sólo fue frenado por los francos de Carlos Martel en la batalla de Poitiers en el año 732.

Batalla de Guadalete (711)
Las glorias nacionales, 1853

Fuente: Internet Archive


Así, la península ibérica, a la que los musulmanes denominaron Al-Andalus, se convirtió en una provincia del califato omeya gobernada desde Damasco (Siria), y después en un emirato independiente vinculado en el plano religioso a Bagdad hasta que en el 929 se inició la etapa totalmente independiente como califato. Por tanto, la lejanía del poder islámico de Oriente Medio y su condición de frontera con los cristianos otorgaron un carácter particular a la Península. Un ejemplo de ello se observa en un texto del historiador Ibn Bassām (s.XII):

Una de las características de los andalusíes es que sus tierras son la última de las conquistas islámicas, y fue donde más lejos llegaron las hazañas árabes. No tienen detrás de ellos ni delante más que el Océano, los cristianos y los godos.²


Se trataba de un territorio atrapado entre un océano infranqueable y el infiel, pero la veloz conquista se había consolidado en pocos años.

 Marcas Superior, Media e Inferior y su división en Coras
Atribución: DaniCBP, bajo licencia CC BY 4.0

Sin embargo, tras la muerte del segundo hijo de Almanzor, ʿAbd al-Raḥmān ibn Sanŷul (Sanchuelo), en el 1009, se inició la fitna o guerra civil de al-Ándalus que precipitó la abolición definitiva del califato omeya de Córdoba en 1031 y el surgimiento de los reinos de taifas. A partir de entonces, se iniciaría el declive del poder andalusí que facilitaría el avance de los reinos cristianos.

Ejército de Almanzor contra ejército cristiano
Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial (RBME)
Ms. T-I-1. Cantiga CLXXXI, f. 240 r.

EL AVANCE CRISTIANO VISTO POR LOS MUSULMANES

Las fuentes musulmanas hicieron referencia a que anteriormente la Península estaba en manos cristianas y además asumieron el origen pelagiano de la Reconquista. Ya en el siglo X se produjo una de las menciones más antiguas al rey astur, y que pudo basarse en fuentes árabes anteriores, en la obra del historiador Isa Ibn Ahmadal-Razi:

Desde su época, los cristianos de al-Ándalus iniciaron la resistencia frente a los musulmanes en las tierras que habían podido preservar en sus manos […] Se dice que no había quedado sin conquistar en el territorio de Yillīqiya aldea ni población […] salvo la peña en la que se había refugiado ese bárbaro. Sus compañeros fueron muriendo de hambre hasta que no quedaron más de treinta hombres y unas diez mujeres, que sólo tenían para alimentarse la miel de abejas de unas colmenas que tenían en las grietas de la peña. Se mantuvieron inexpugnables en ese lugar abrupto hasta que los musulmanes, no sabiendo qué hacer, los despreciaron diciendo: “Treinta bárbaros, ¿qué pueden hacernos?” Nadie ignora la importancia que, después de aquello, llegaron a alcanzar por su poder, su número y sus conquistas. Después de él reinó Alfonso, antepasado de los grandes y célebres reyes de ese nombre.³

Al igual que al-Razi, escritores posteriores manifestaron lo que supuso el hecho de no haber eliminado aquel núcleo de resistencia capitaneado por Pelayo como, por ejemplo, el historiador Ibn Sa’id al Magribi (1213–1286): 


El desprecio de esa peña y de quienes se refugiaron en ella dio lugar a que los descendientes de los que estaban allí se apoderasen de las principales ciudades, hasta el punto de que incluso la capital, Córdoba ¡Dios la restituya!, está hoy en sus manos. 

Pero no sólo relacionaron aquel foco de rebelión con la progresiva pérdida territorial, sino que fueron totalmente conocedores del discurso reconquistador del enemigo, como se observa, por ejemplo, en unas palabras del rey Fernando I de León y Castilla (†1065) que el cronista Ibn Idhari recogió en su obra escrita en 1312, Al-Bayan al-Mughrib

[…] y solamente pedimos nuestro país que nos lo arrebatasteis antiguamente, al principio de vuestro poder, y lo habitasteis el tiempo que os fue provisto; ahora os hemos vencido por vuestra maldad. ¡Emigrad, pues, a vuestra orilla [al otro lado del Estrecho] y dejadnos nuestro país

Era la respuesta a una comisión diplomática de la taifa de Toledo que buscaba negociar a causa de la presión tributaria. Con la estrategia de agotar económicamente a las taifas mediante el pago de cuantiosas parias, el monarca proclamaba su legítimo derecho a recuperar un territorio que había pertenecido a los cristianos.

No importaba. Aunque los musulmanes hubieran reconocido el pasado cristiano de la Península, enarbolaron la memoria de su conquista y ellos eran sus legítimos soberanos. La respuesta al avance cristiano estaba servida, pero el siguiente poder conquistador ya no vendría de Oriente Medio, sino del norte de África.

Al-Mamún, rey de la taifa de Toledo (1043-1075), ante Fernando I de León y Castilla
 Historia de la Villa y Corte de Madrid, 1860
Fuente: Internet Archive

 IDEOLOGÍA Y CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO

Poco antes de la fragmentación del califato de Córdoba en taifas, los textos comenzaron a revelar la preocupación por el avance cristiano y a denunciar la división de al-Ándalus. Para ello, se apoyaron en pasajes coránicos y hadices que alentaban a la lucha y enaltecían la figura del soldado de frontera. De hecho, era la división y la inestabilidad política lo que permitía al infiel amenazar las fronteras, por lo que el discurso de defensa del territorio se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XI.

Al-Mutasim (Almotacín), rey de la taifa de Almería 1051-1091
Historia de España ilustrada, s. XIX

No obstante, ante el incesante retroceso territorial, también utilizaron como estrategia discursiva la rememoración de la conquista. Cronistas y poetas crearon la idealización de al-Ándalus bajo la imagen de un paraíso perdido y el recuerdo de un pasado glorioso.

Al-Ándalus era desde el siglo VIII un nuevo territorio incorporado al islam, y las dinastías almorávide, almohade y nazarí basaron su discurso reconquistador en la guerra santa y el yihah con la concepción providencialista en el centro del relato. La caída de las principales ciudades andalusíes en manos cristianas era un castigo de Dios por la desunión de los musulmanes aunque, en su infinita misericordia, les daría la victoria que les permitiría devolverlas al islam. Un ejemplo de ello lo podemos ver en unas palabras que, según el cronista Al-Marrakushi (ca. 1225), el gobernante almorávide Yusuf ibn Tashufin había pronunciado:

Mi único propósito, al apoderarme de esta península, era sacarla de manos de los cristianos, por ver cómo se habían apoderado de su mayor parte y por el descuido de sus reyes, por su abandono de la guerra, por delegar el gobierno, por su indolencia y por su afición al bienestar, pues la única preocupación de cada uno era el vino que bebían, las cantoras a quienes oían y las diversiones en que pasaban los días.


La idea de que el califato cordobés se había perdido por culpa de la negligencia y los pecados de los reyes taifales fue una constante tras la fitna. Era necesario recobrar el territorio y revivir el islam en él, y para aludir a todo ello fue frecuente el término fath que quiere decir “apertura” en el sentido de abrir territorios a la fe islámica. También se utilizó la expresión “hacerla volver” (istaradda-ha), referida a al-Ándalus, y vocabulario como apoderarse, dominar, liberar y recuperar (istarya’a), fue habitual para aludir tanto a las ciudades recobradas (istajlasa) de manos de los cristianos como de manos musulmanas en el contexto del enfrentamiento entre taifas.
Por otra parte, las epístolas fueron una herramienta polivalente en sus varias funciones que iban desde llamar a la guerra santa, incluyendo la narración dramática de la caída de las ciudades para conmover a la comunidad islámica, hasta la celebración de las victorias:

[…] ¡Cuántas brillantes lorigas quedaron tendidas por tierra, y cuántos caballos abandonados en el campo! Cualquier jinete de los nuestros se hizo con cinco o más caballos; de mulas y asnos, muchas más; no hablaremos de ropas y telas, y en cuanto a estrados aforrados de seda o de otros tejidos preciosos y de pieles fueron también incontables. No se cansaban nuestras gentes de trasladar cosas, ni se hastiaban de resolver tesoros.

Batalla en San Esteban de Gormaz (Soria), s. X
Cantigas de Santa María, s. XIII
Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial
Ms. T-I-1. Cantiga LXIII, f. 92 r.


EL IMPULSO RECONQUISTADOR

En 1064 la toma de Barbastro por los cristianos supuso un duro golpe para el mundo andalusí. El emir de la taifa de Lérida, al-Muzaffar, pidió ayuda al resto de taifas y en abril de 1065 se proclamó la guerra santa en todo al-Ándalus a través de las cartas de eruditos como Ibn al Gassal o Ibn al-Barr, quienes señalaban la importancia de la unidad de los musulmanes para la defensa del territorio y la lucha contra el infiel; de lo contrario, todo el mundo andalusí peligraría. Finalmente, Barbastro fue rescatada ese mismo mes con la ayuda de algunos reyes taifales.

Más tarde, en 1085, la caída de Toledo en manos cristianas llevó a los gobernantes de Sevilla, Granada y Badajoz a unirse en una petición de auxilio urgente a Yusuf ibn Tashufin (r. 1061-1106). El líder almorávide envió tropas en 1086 a la Península y derrotaron a los cristianos en la batalla de Sagrajas (Zallaqa).

En el fragmento de una carta que, al parecer, el rey de la taifa de Sevilla al-Mutamid (r. 1069-1091) había enviado años antes al caudillo almorávide, se observaba el llamamiento al yihad para la defensa de la fe y la importancia que cobraba la desunión de la comunidad islámica:

[…] Pido socorro a Dios y a vos; imploro de vuestra santidad, el que paséis a hacer la guerra santa a este enemigo infiel y vivifiquéis la ley del islam y defendáis la religión de Muhammad […] a este enemigo lo incitó a conquistar el país la división, la separación y la discordia.


Defensa de Mallorca frente al asedio de Jaume I
Imagen de Macesito. Fuente: Wikimedia Commons


Con todo, la situación de debilidad política de al-Ándalus continuó siendo tal, que en 1145 desembarcaron en la Península (en Tarifa y Algeciras) contingentes militares enviados desde el Magreb por el califa almohade Abd al-Mumin (1130-1163). En 1147 tomaron Sevilla y, desplazando a la anterior dinastía, los almohades se instauraron en el poder.

Las crónicas señalaron a Al-Mumin como el único soberano capaz de frenar a los reinos cristianos, a diferencia de los gobernantes taifales, cumpliendo con su deber de yihad y guerra santa. Los textos destacaron la imagen del califa como protector de los andalusíes, plasmando el carácter militar, religioso y paternalista del discurso reconquistador musulmán; algo que continuó en el retrato de sus sucesores, quienes mostraron una gran preocupación por el futuro de al-Ándalus.

Los benimerines capturan al arzobispo Sancho de Toledo en la batalla de Martos (1275) 
Imagen retocada. Fuente: Wikimedia Commons

En realidad, la narrativa sobre la defensa del territorio fue el elemento legitimador de la soberanía de las dinastías magrebíes en la Península: almorávides y almohades habían acudido a proteger al-Ándalus y a restaurar el islam en él.


Pero la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) supuso el fin de la hegemonía almohade. Este desastre militar abrió las puertas del valle del Guadalquivir a los reinos cristianos y permitió que, pocas décadas después, Fernando III el Santo pudiera conquistar Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248), mientras que el rey Jaume I de Aragón hacía lo propio en el Levante y el Mediterráneo.

¡Preguntad a Valencia lo que le sucedió a Murcia!

¿Dónde están Játiva y Jaén?

¿Dónde está Córdoba, sede de las ciencias,

de la que el mundo se enorgullecía?

¿Dónde está Sevilla y los placeres que contenía

su dulce río, desbordante y caudaloso?

Eran capitales columnas del país.

¿Qué puede quedar si faltan las columnas?

Llora la noble Ortodoxia de dolor

como llora el amante a su amor,

por las casas del Islam ahora vacías

y convertidas en viviendas de paganos;

las mezquitas se han convertido en iglesias

y no hay en ellas sino campanas y cruces;

hasta los mihrabs lloran, y son de piedra,

hasta los mimbares lloran, y son de madera.


Desde entonces la fragmentación de nuevo en taifas (tercer periodo) facilitó el avance de los reyes cristianos y solo el reino nazarí de Granada logró sobrevivir combinando diplomacia, pago de parias y guerra defensiva. Mientras tanto, la literatura árabe ya profetizaba el final de la presencia islámica en la península ibérica y muchos andalusíes miraron hacia el Magreb.


NOTAS:

¹ Rubiera, Mª J., 1992, p. 148.

² Lapiedra, E., 2018, p. 296.

³ ibidem, p. 299. 

⁴ Porrinas, D., (ed.), 2024, p. 31.

ibidem, p. 41-42.

ibidem, p. 37.

⁷ Albarrán, J., 2022, p. 20.

⁸ Porrinas, D., (ed.), p. 37.

⁹ Rubiera, Mª J., p. 126.



BIBLIOGRAFÍA

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DURÁN, José F. El libro de Al Ándalus: etnias, idiomas, religiones y castas. Córdoba: Almuzara, 2024.


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VILLAVERDE, Javier. “El yihad de los sultanes nazaríes. Discursos de legitimidad y acciones consecuentes de una dinastía en defensa de al-Andalus” Edad Media. Revista de Historia, 26, 2025, pp. 459-502.